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Hay quien mira al dividendo como una manera de premiar al inversor en bolsa por parte de las empresas. En realidad, el dividendo es un reparto del beneficio que distribuye la empresa entre los accionistas de la misma, y la principal vía de remuneración que tienen los accionistas como propietarios de una sociedad. Fiscalmente el rendimiento de los dividendos tributan como rendimientos del capital mobiliario en la base imponible del ahorro. Veamos de cerca los detalles fiscales.

Recordemos que tras la modificación legal (Ley 26/2014 de 27 de Noviembre) se eliminó la exención de los primeros 1500 € cobrados en dividendos. Hasta entonces cobrar dividendos que sumasen menos de 1500 € no tenía impacto en nuestra Declaración de la Renta, no se pagaba por ello. Pero desde el 1 de enero de 2015 hay que pagar ya por el primer euro que ingresemos por este concepto. Recordemos también que se modificaron los tipos que afectan al ahorro y ahora quedaría así:

fiscalidad-dividend

La idea de Hacienda es simple, se cobra o ingresa algo y por tanto se paga algo. Pero existen diversos Tipos de dividendos. Desde el punto de vista jurídico existen por ejemplo dividendos A cuentaComplementarios, Extraordinarios.

Desde el punto de vista económico pueden ser:

-Dividendos En Dinero, nos dan una cantidad en Euros y no plantea mayor duda, tanto sólo tener en cuenta que podrían también cobrarse en Divisas, en este caso, y en IRPF habría que declarar por los dividendos cobrados al tipo de cambio de la moneda extranjera en Euros del día del cobro de los mismos.

-Dividendos En Especies, con estos últimos en vez de recibir dinero nos dan derechos de suscripción -nuevas acciones-. En este último caso estaríamos ante lo que popularmente se conoce como Scipt Dividends o Dividendos Flexibles, y son los que fiscalmente nos interesa ver con algo de más detalle.

El dividendo en dinero tributará como hemos dicho desde el primer euro en la base imponible del ahorro y según los tipos aplicables por su volumen que hemos visto (ver foto mas arriba). ¿Pero el Script Dividend tributa igual?. Lo cierto es que no. Y ello permite estrategias  diferentes según tipo de patrimonios y según tipo ahorradores o inversores.

Por ejemplo, con los derechos de suscripción del Script Dividend hasta ahora podíamos tomar tres decisiones distintas:

1-No vender los derechos y recibir las acciones.- Si se cobra el dividendo en acciones, primero no hay retención por parte de Hacienda, retención (20%) que si se produce si se cobra en dinero, y además el pago de impuestos por el cobro de dividendos se retrasa hasta el momento de la venta de las acciones. Será en el momento de la venta cuando se tribute por la diferencia entre el precio de compra (que sería el mismo que el de las acciones que dieron derecho al cobro del dividendo) y el precio final de venta. ¿Vemos ahora por qué se pusieron tan de moda los Scripts Dividends en su momento?. Claro que tiene sus riesgos, no es lo mismo pájaro en mano (el dinero) que ciento volando (las acciones).

2-Vender los derechos a la propia empresa a un precio garantizado y recibir el dinero.- Aquí la fiscalidad será la misma que la de un dividendo “clásico” con su retención del IRPF en el momento de la venta. El dinero obtenido tributará dentro de las rentas del ahorro a los tipos ya vistos más arriba.

3-Vender los derechos a terceros en el mercado y recibir el dinero.- Aquí ha tenido importancia también la reforma legal provocada por la Ley 26/2014. Y es que hasta 2015 vender en el mercado libre permitía un “retraso” fiscal porque los impuestos se pagaban al transmitir las acciones que dieron origen a los derechos. Y el importe obtenido en la venta de los derechos disminuía el valor de adquisición de las acciones de las cuáles procedían.

Ya este año 2016, en la Campaña Renta 2015, el Script Dividend vendido en el mercado libre tributó como lo hace el que se transmite a la propia empresa. Con alguna matización si se vendía en mercados de la UE.

Y fruto también de la Reforma Legal de la mencionada Ley 26/2014 en 2017 no habrá ya diferencias fiscales entre las opciones 2 y 3, es decir, entre los contribuyentes que opten por vender sus derechos de suscripción al mercado secundario y aquellos que venden los derechos a la propia empresa. Aunque eso si, siempre puede haber diferencias de precio entre venderlas en el mercado libre o a la propia empresa que habrá que valorar.

¿Podría la opción elegida afectar al Impuesto de Patrimonio?. Si, podría. Y para una buena gestión patrimonial hay que tenerlo en cuenta. Veamos una pequeña pincelada.

dividen

El Impuesto de Patrimonio es un impuesto cedido a las CCAA, por tanto habría que estar a los casos concretos. Pero, para hacernos una idea nos sirve la normativa estatal. Según la normativa estatal, están obligados a presentar declaración los sujetos pasivos cuya cuota tributaria, aplicadas las deducciones o bonificaciones, resulte a ingresar, o cuando el valor de sus bienes o derechos resulte superior a 2.000.000 de euros.

Y esa segunda parte es importante pues “si el valor de los bienes o derechos supera los 2.000.000€” habría que presentar la declaración. Y la pregunta es ¿como se valoran los bienes o derechos?, ¿si tenemos acciones con derechos de suscripción, Scripts Dividens, como los valoramos a efectos de este Impuesto?. Las acciones cotizadas no generan problemas, pues se imputa en el Impuesto del Patrimonio el valor de negociación media del cuarto trimestre de cada año. Pero, ¿y en acciones no cotizadas en Bolsa?

La valoración de acciones o participaciones en entidades que no coticen en bolsa ni auditen sus estados financieros se realiza por el “mayor valor” de los tres siguientes: el valor nominal, el valor teórico resultante del último balance aprobado, o el que resulte de capitalizar al tipo del 20 por 100 el promedio de los beneficios de los tres ejercicios sociales cerrados con anterioridad a la fecha del devengo del impuesto.

¿Cual es el último balance aprobado?. Teniendo en cuenta que el Impuesto del Patrimonio devenga el 31 de Diciembre de cada año, la mayoría pensó que ese “ultimo balance aprobado” sería el finalizado el 31 de diciembre anterior. Es decir, según esa interpretación -que es la que mantenía Hacienda-, en la declaración de patrimonio que estamos haciendo ahora se declararían las acciones y participaciones que se tienen a 31 de diciembre de 2016, pero cuantificadas por el valor que tenían al 31 de diciembre de 2015. Y esta interpretación, en los casos en que una sociedad repartía el dividendo en el año de la declaración del impuesto daba lugar a tributar dos veces por el mismo dividendo.

Hubo pelea jurídica y finalmente el Supremo -ya en sentencia de 12 de marzo de 2013- entendió que la interpretación seguida por Hacienda era incorrecta y exige que en el Impuesto de Patrimonio se recoja el valor de las acciones no cotizadas en función del último balance cerrado del ejercicio en curso, incluso si ello se produce “con posterioridad a la fecha de devengo”.

A partir de ahí, será cuestión de hacer números para cada caso concreto y ver que opción nos beneficia más.

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